fábula de los prejuicios y la buena voluntad
El lobo sale de su madriguera y decide fijarse en el comportamiento de los demás animales. Ve de lejos un grupo de osos, charla un rato con ellos y comprueba que son tan reservados y a la vez familiares como tenía entendido. Luego se topa con una bandada de urracas y resultan ser tan descaradas y aburridas como él creía. Luego se encuentra a una familia de orangutanes con su tradicional espíritu festivo y despreocupación. Finalmente se cruza a una hiena y de repente percibe una ternura en su risa y un brillo en sus ojos que antes desconocía, y a traves de ellos puede divisar su gran corazón.
Y esto sume al lobo en una profunda reflexión sobre la naturaleza de los demás animales y los prejuicios que tenía sobre ellos y decide dar una segunda oportunidad a quienes había prejuzgado mal y empezar a dudar de quienes creía de su lado. Pero una repentina crecida del nivel del mar sepulta Amsterdam, Venecia, la Polinesia Francesa y, por supuesto, el frondoso hábitat del lobo, que ahora trata de salvar a un corderito de las aguas, movido por el turbador encuentro con la hiena y sus consecuencias, pero le cuesta la vida.
Ahora la hiena, sin saberlo, es en parte responsable de que el cordero siga con vida y de que el lobo haya muerto con menos enemigos y queriendo menos a sus amigos.

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